sábado, julio 16, 2011

De Vancouver y días aburridos

"¿Qué prefieres ser un miserable en Madrid o un tonto en Nothing Hill?"
"¿Perdona...?"
" Es muy sencillo, sueñas con que viste más ser librero en Londres que vender libros en Madrid, en un sitio eres un miserable y en el otro un tonto, ya que ni el idioma conoces"
" Touche, Mr. lógico. "
Pienso y solo pienso, mientras que las palabras fluyen y las manos dirigen la conversación a cauces más tranquilos sometiendo la imaginación a la dictadura de lo real, de lo pesado y cuantificable. 
Las horas de verano, con su luz y calor, no fabrican nada bueno. Cuando al sopor sumamos el tedio de que has hecho todo y nada es el resultado, las musas aparecen y la mente viaja. 
" y si..." comienza la fiesta del quizás, te ves en otro lugar. Donde al cerrar queda día, la gente sonríe y, en días como estos, hasta hay Seguridad Social.
" Perdona, ¿tiene algo de Paolo Coelho?"

La verdad del clink clink de la caja se impone. Se rompen las nubes y tras ellas una joven, atrapada por el pseudoesoterismo de autoayuda del brasileño que busca soluciones a la insatisfacción, pensando que hay alquimistas que son más listos que uno y nos ayudan a ser más guapos al ser más felices, espera mi respuesta que se hace esperar al llegar mi mente de mucho más allá de los mares.
"Otros creen que la solución esta en Vancouver"
 "2-0 , Mr. lógico" 
Contesto mentalmente, mientras, ordenadamente, pongo un marcalecturas, doy el libro, cobro y las vueltas regresan a su legitima dueña. Un suave adiós y un manido gracias acaba con nuestra esporádica relación y volver a coger un barco es, ahora, bastante difícil.
Llamando desesperadamente a la Mahou, seguimos retransmitiendo